
La vida efectivamente nos devuelve a sitios, personas y/o actividades todo el tiempo.
Hace muchos años me devolviò el canto que se transformó en una cuerda de salvación en medio de mucho dolor, y hoy me devuelve las ganas por correr.
Para que entiendan esto les contaré que una parte,la más feliz de mi niñez y tal vez de mi vida...hasta ahora- la viví en Arica, la ciudad de la "Eterna Primavera". Contaba con la fortuna de pasar mis inocentes días en un edificio de departamentos frente a la playa "Las machas", que le debe su nombre a este delicioso molusco. Mi padre, en esa época un hombre muy estructurado y deportista al llegar a casa del trabajo, nos invitaba a vestir buzo y zapatillas para salir a disfrutar del aire marino mientras corríamos a SU ritmo por la arena.
Hoy reconozco que no siempre tenía ganas de seguirlo en esta aventura frente al mar ( quien lo haya hecho sabe que es agotador), a pesar del cansancio y las pocas ganas de muchas veces, probablemente nos veíamos felices y tal vez fué esta razón, la que que impulsó, dentro de su ingenuidad, a los amiguitos del edifico a pedir ser incluídos en esta aventura familiar. Hoy me río al pensar en la dificultad que atravesaron muchos para poder seguirnos el ritmo...jajajjaja, pero como buenos niños chilenos,machistas y orgullosos, jamás se atrevieron a pedir clemencia para descansar los pulmones a punto de reventar...jajaja.
Con el correr de las semanas nos transformamos en un grupo de por lo menos 12 personas, que los fines de semana se incrementaba por razones obvias y al pasar los meses nos transformamos en el edificio de departamentos con la mayor cantidad de niños sanos, saludables y con la mayor capacidad aeróbica de la ciudad!!.
Al volver a Santiago mantuvimos la costumbre de correr, pero esta vez, por razones de trabajo, distancias y estilo de vida de la gran urbe, las corridas eran menos amigables. Despertábamos a la fuerza a las 5 a.m, sin importar la estación del año, aunque en invierno solo lo hacíamos día por medio, con descanso obligatorio sábados y domingos.Luego, volvíamos a casa a la ducha y desayunos obligatorios antes de partir a la escuela.
No sé muy bien en qué momento fuimos perdiendo la costumbre, debió ser una mezcla de muchos factores: Flojera, cansancio, la llegada de el único hijo varón a la familia, la sobrecarga de trabajo que tuvimos todos para sortear épocas económicas difíciles , rebeldía adolescente o todas las anteriores, pero finalmente la costumbre desapareció y junto con ella, el buen estado físico y comenzamos a perder la figura y todas las cualidades y características propias de quien practica algún deporte.
Hoy, con 38 años a cuestas y viéndome enfrentada a la imposibilidad de bajar de peso (acentuada por una condición metabólica que en mi caso no quiere remitir con medicamentos), me vi obligada a replantear mi estilo de vida y comencé a correr nuevamente (las caminatas diarias de casi dos horas no surtieron efecto), acompañada primero por mi sobrina Victoria y para mi felicidad, con el pasar de los días , de mi sobrino Felipe ( por esencia sedentario... hasta ahora que ya está todo un deportista♥)
Luego de un par de semanas de "entrenamiento", nos inscribimos por primera vez en una de las tantas corridas que se suceden en santiago "Corrida Nocturna ÑUÑOA," 5 y 10 kilómetros...Nos inscribimos, por supuesto, en la de 5 K para poder terminar dignos.
De nocturna la corrida solo tenía el nombre, comenzamos a las 8:15 p.m, dos horas antes de lo que acostumbramos entrenar, primer error, con una temperatura del infierno, acentuada por las micros y autos que corrían paralelos a nuestra pista y luego NO llevamos agua ni hubo puntos de hidratación, segundo gran error, ¿resultado?, pensé en tres oportunidades dejar de correr, parar e indignamente volver al punto de partida o irme derechito para mi casa para evitar la vergûenza, pero al mirar a mis sobrinos correr con coraje y llenos de determinación, me obligué a continuar a pesar de las ganas de tirarme en el pasto y no ponerme vertical nunca más.
Pronto, el cielo me envió la salvación para el cuerpo , la del alma está en "veremos". Primero a un señor lavando su auto que me regaló el agua más refrescante y sabrosa que he probado en mi vida y kilómetro y medio más adelante a una señora que regaba sus plantas y de pasada auxiliaba a los ya muchos corredores por accidente , incapaces de disimular el estado lastimero, que suplicaban en sus mentes por unas gotas del vital elemento, entre ellos, "la runnersh Orietta"
Llegar a la meta varios minutos más tarde que mis sobrinos, fué un momento glorioso y aunque la alergia ya no me dejaba respirar y me silbaba el pecho como a las yeguas, ( eso suena dramático pero no se si sucede en la realidad), fuí por un instante la mujer de titantos años más feliz del planeta, el corazón me latía a mil de felicidad... y cansancio y el pecho se me inflaba de orgullo ...y dificultad para respirar, debo decirlo...
Una vez vaciada la botella de agua que me esperaba al pasar la meta, (la segunda màs rica de mi vida), unas cuantas aspiradas al salbutamol y luego de encontrar a los niños y a la familia que nos fué a observar o tal vez a recoger pensando que explotaríamos y no precisamente de alegría, regresamos a casa a pie -correr no fué suficiente para estas almas altamente deportivas- con nuestras poleras mojadas, bueno, casi... y la felicidad calma que sólo da el saber que se logró lo anhelado.
¿El próximo desafío?...Corrida Energizer Night Race. Viña del Mar. 8,2 km. el 12 de febrero...
En sus marcas, listos, fuera!!!














